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Amor AIESECo

Allá por las bellas tierras mendocinas, me contaron la historia de una niña nacida de un amor AIESECo y yo se las quiero contar a ustedes.

En 1992, dentro de AIESEC, dónde jóvenes buscan la paz y el pleno desarrollo del potencial humano, y creen en el liderazgo joven como la solución para los problemas del mundo y se confía en la juventud como herramienta de cambio para liderar el futuro a través de intercambios proporcionando oportunidades de desarrollo en ambientes desafiantes y multiculturales.

En esta organización se conocieron muchas personas formando amistades y muchas parejas, pero yo en este artículo les voy a hablar de una en especial que gracias a estos dos jóvenes, luego de 8 años dio lugar al nacimiento de una niña, llamada Guadalupe, que hoy en día seguiría los mismos pasos que sus padres.

AIESEC en Mendoza (1992)

AIESEC tuvo que cerrar por la crisis económica, siendo así poco nombrado por la sociedad mendocina, casi al punto de ser solo un recuerdo lejano. Luego de un tiempo AIESEC en Mendoza logró volver a abrir sus puertas dando paso a una nueva generación de jóvenes decididos a hacer de Mendoza un lugar mejor.

Estos padres educaron a la pequeña inculcando valores similares a los que adquirieron en AIESEC, ella creció rodeada de todas las historias, recuerdos y valores que sus padres y amigos habían vivido.


Guada y sus padres AIESECers

Estando dentro de la secundaria descubrió el modelo de Naciones Unidas del cual formó parte todos los años, y surgió la oportunidad de realizar su intercambio y así es como viajó a Nashville, donde se reencontró con sus amigas que había hospedado. En ese viaje tuvo miedo, alegría, tristeza, pero ninguno de esos temores imposibilitó que su experiencia sea la mejor de todas.

Ya estando en la universidad y por cosas del destino un día en una pizarra de anuncios se le presentó la oportunidad de conocer AIESEC y decidió inscribirse sin estar del todo convencida, arriesgándose a experimentar cosas nuevas y conocer gente.

Ya formando parte de la familia AIESECa, sintió que su vida empezaba de nuevo, cambió bastante su perspectiva sobre ciertas cosas de la vida en sí. AIESEC le brindó y brinda actualmente un hermoso e inmenso grupo de personas que luchan por las mismas causas de impactar en el mundo aportando su granito de arena.

Empezó su camino como líder de un equipo de ventas de voluntariados, donde en un comienzo no se sentía lista para llevar a cabo tales tareas, pero de la mano de su líder que siempre la apoyó y creyó en ella, logró no solo estar a la altura del mismo, sino que también superarlo. Junto con él terminó de enamorarse de aquello que unió a sus padres y logró animarse a dar un paso más grande dentro de la organización, lo que sería su nuevo rol de liderazgo.


Guada con su primer equipo en AIESEC

Ese gran paso la llevó a convertirse en líder de un equipo de ventas de intercambios profesionales. Una experiencia llena de desafíos y personas. Durante estos meses tuvo la oportunidad de nuevas enseñanzas, experiencias y formar una nueva gran familia, que gracias a ellos aprendió que con esfuerzo, constancia y dedicación todo puede ser posible. En donde le sirvió tanto a nivel personal como profesional, entendiendo la importancia del liderazgo, al trabajar en equipo, solucionando problemas grandes y pequeños, enfrentando una pandemia.

“AIESEC es muchas cosas, para mí, liderazgo y origen. Cada uno encuentra y vive AIESEC a su manera. Pero hay algo en lo que todos coincidimos, AIESEC es para siempre”. Con esta frase dicha por nuestra protagonista, doy por concluida esta hermosa historia de amor AIESECo.


Por Yamila Allayme y Guada Nanclares, Mendoza-Argentina




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