• Jose Scarano

Desarrollé mi espíritu emprendedor en Belo Horizonte


Al igual que muchos otros jóvenes, cuando elegí viajar con Emprendedor Global, no conocía nada sobre AIESEC, ni sobre startups, ni sobre desarrollo de liderazgo. Yo solamente buscaba tener una experiencia profesional relacionada con mi carrera.

Elegí Belo Horizonte porque es una ciudad grande pero tranquila, con muchos estudiantes universitarios. Yo ya había viajado a Brasil pero quería ver otra cara del país. Quería conocer la vida cotidiana, la gente, “el Brasil real”.


Pude cumplir con ese propósito, pero también enfrenté un desafío: Belo Horizonte no tiene turistas extranjeros. Yo no hablaba portugués, y los locales no hablaban inglés ni español, así que me costó mucho aprender a comunicarme incluso en las cosas más básicas.


Confieso que mi experiencia no fue la ideal en muchos sentidos. Hubo llantos al principio y muchos días en los que quería volverme. Me angustiaba mucho la falta de comunicación. Pero no hay yin sin yang, y los buenos momentos ya casi llegaban.

Ya había viajado sola muchas veces antes, así que, en un principio, la experiencia de viajar no me interesaba tanto. Sabía muy poco sobre la startup donde trabajaría tres meses. Solo me gustaba mucho el proyecto, ya que buscaban alguien para un proyecto de internacionalización por medio de Marketing Digital y ese era el ámbito en el que me quería desarrollar.

Pero, en cuanto tuve mi primer día de trabajo, mi percepción cambió totalmente.


Ese lugar era una oficina soñada. La startup funcionaba dentro de una casa enorme, con jardín, una hamaca paraguaya, un comedor al aire libre donde todos los días teníamos buffet, y una parrilla donde disfruté dos asados.

Había un ambiente muy relajado, sin dress code, con muchas charlas y risas cada día.

Nunca antes había trabajado en un lugar así, mi percepción del mundo laboral se revolucionó totalmente, ¡es lo que le pasa a la mayoría de los intercambistas!



Esta startup desarrollaba soluciones para e-commerce, tenían más de 3.000 clientes en Brasil, pero querían internacionalizar el negocio hacia distintos países de Latinoamérica. Por eso me pidieron hacer una investigación y reporte del e-commerce en Argentina.


Aprendí mucho realizando esa investigación y cuando la presenté frente a todos mis compañeros de trabajo se sorprendieron mucho. También compartí algunas cosas sobre la cultura e historia de mi país y sentí que pude dejar un pedacito de Argentina en Belo Horizonte.


Algo que desconocía y que tuve que aprender sobre la marcha es que una startup no es una escuelita tradicional, es un lugar donde te desarrollás siendo proactivo.

Es decir, hay que hacer propuestas, tener creatividad, buscar la innovación siempre.


Desarrollé mi espíritu emprendedor, me volví mucho más orientada a soluciones, y eso es algo que no se aprende en un trabajo normal en cualquier empresa.


Este cambio me hizo ver que las cosas que quiero para mi vida no van a pasar solas: yo tengo que ser proactiva y hacer que pasen. Desde entonces, cambié mi actitud ante todas las cosas.

Dejé de esperar o pedir y empecé a actuar. Ese es el aprendizaje más grande que me dejó el intercambio y que significa para mí abrir un mundo de posibilidades que antes no veía.


En el último día de mi intercambio, pedí un taxi para que me acerque a la terminal de autobuses. Estaba llena de regalos que me había dejado la startup y la familia que me recibió.

Estaba triste, ya no quería volverme. Mientras, charlaba con el taxista en una conversación totalmente fluida en portugués. Me di cuenta de que había superado ese desafío.

Hacia mis adentros, gritaba: “¡Lo logré!”



Esta es la experiencia como Emprendedora Global de Micaela Siskin.


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