• Jose Scarano

Enseñando en Rumanía


Mi intercambio fue quizás algo en entre medio de un sueño de hacía muchos años y una decisión un tanto repentina.


Ir a Rumanía empezó siendo algo que creía parecido a Argentina (pues nuestro país es medio europeizado por la inmigración del Siglo XIX) pero terminó siendo un shock cultural importante. 


Mi proyecto se trató de enseñar español a estudiantes en Rumanía y por sorpresa, solo una minoría de mis estudiantes eran Rumanos. Los demás eran de Alemania y Francia, tuve una estudiante de Marruecos, de Grecia, otra de la Isla Guadalupe y mi mejor estudiante era de Israel. 


Justo en la ciudad donde yo estaba, al ser una ciudad universitaria, muchos europeos y personas de otras partes del mundo aplicaban a estudiar en esta ciudad de Rumanía (Cluj Napoca) porque o no quedaron seleccionados en la universidad de su país o iban directo a Cluj Napoca porque la educación es relativamente buena.

Casi todos mis estudiantes estudiaban medicina. Y después de un tiempo descubrí que las carreras de ingeniería en software y las carreras de medicina son las mejores en Cluj, y esta es considerada la mejor ciudad de Rumanía, porque esta en la región de Transilvania que es la más desarrollada y porque es una ciudad que esta evolucionando muchísimo gracias a su gobierno.


En cuanto a dar clases y pararme frente a todos estudiantes fue desafiante

Primero porque cuando llegue a Cluj me dijeron que no hubo muchos inscriptos a las clases de español porque era temporada de exámenes en la universidad.

Entonces tuve que pedirle ayuda a una estudiante que era parte de AIESEC para que ella publicara en Facebook las clases. Con ella organizamos todo y logramos que de 10 alumnos inscriptos, pasáramos a más de 30.

Al principio tenía solo 3 clases a la semana, terminé dando 8.


Cuando logré ese primer objetivo, me centré en hacer que todos y todas las estudiantes amaran mis clases así se quedaban. Así es que investigué muchas metodologías de enseñar y debo decir que fue gracioso porque todos mis estudiantes esperaban que yo les enseñara tradicionalmente hasta que vieron que mis clases eran sobre la practica constante, sobre presentaciones en Powerpoint con GIFs y sobre conocer las culturas de todos.

Después de una semana o dos, todos estaban empezando a acomodarse y a confesarme que la clase de español era la más divertida de su rutina. Fue un gran logro personal.


En Argentina estamos acostumbrados a que las cosas se están volviendo más informales. Pero en Rumanía, culturalmente, la gente es seria y estricta, principalmente los adultos mayores. Esto pasa porque Rumanía si bien es parte de la Unión Europea y eso la hace ser un país que evoluciona año a año, pero también es un país que salió con alta influencia cristiana ortodoxa, gran parte de la población es religiosa. Entonces, de alguna forma, eso hace que las personas grandes y muchos jóvenes sean más conservadores que lo que estamos acostumbrados en Latino américa. 

Pero, mi intercambio no solo fue sobre enseñar, sobre aprender a enseñar. Sino también sobre cómo hacer que personas de diferentes culturas en mi aula se sintieran atrapados por lo que estaba enseñando. Quiera o no, las diferencias de opiniones se daban y mi desafío era hacerles ver a mis estudiantes que había que encender la curiosidad y no una alarma. 

Creo que este fue el intercambio que más me construyó como persona, donde sin querer, personas de todos lados me aportaron un poquito cada día. 





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