• Karen Andrea Taborda Benavides

Hacer un intercambio, un propósito que cambia vidas.

Hacer un intercambio con AIESEC es ir más allá de la experiencia de viajar y tener una oportunidad de trabajar como voluntario para una fundación o practicante en una empresa, es sobre encontrar un ideal que puedas llevar a cabo y que te cambié la vida para siempre.


Al principio de mi intercambio llegué a compartir un departamento con 9 personas más y antes de eso estuve una noche en casa de una de las chicas que es miembro en Egipto, lugar donde viví todo esto.

Durante mi intercambio la convivencia mía estuvo con gente de Brasil y también de Perú, pero sobretodo las que más me impactaron fueron 3 personas que hasta el día de hoy son las que siguen manteniendo mi propósito vivo.


Stella de China, Nanet de Kenia y Linisha de Estados Unidos, fueron mis grandes amigas, nos llevamos súper bien, se creó una afinidad y una conexión muy especial porque el intercambio de culturas o las charlas de la noche antes de dormir, aprender la pronunciación de las palabras en nuestros idiomas y el intercambio de ideas fue lo más inesperado y valioso del mundo.


Lo que más ayuda a encontrar el propósito de irte de viaje para vivir un intercambio es recordar aquello que pasa cuando llegas a un país desconocido, con tus maletas y sin entender del todo lo que pasa o lo que dicen, porque encontrás en las personas que viven con vos y comparten sus vidas contigo, ese refugio y ese apoyo que te hace seguir adelante con lo que suceda a pesar de los malos ratos que puedan surgir.

Para mí, el verdadero propósito de un intercambio es la transformación personal que se vive y se encuentra en el camino, es encontrar en el compartir experiencias una oportunidad para empatizar con los demás, de ver qué un día tú eres la persona que recién llega a un lugar nuevo y que después tú eres quien recibe y da apoyo a los demás.


Vivir un intercambio te permite vivir la diversidad y ver en las diferencias un motivo para abrazarte con el otro e intentar resolver los problemas, dejando a un lado las confrontaciones y viendo que el trabajo en equipo siempre es mejor, Egipto fue el lugar donde aprendí todo esto, me ayudó a entender que mi propósito era desmentir los posibles perjuicios míos y el de las personas que llegaban pensando que iban a ser excluidos por una u otra razón.



Al día de hoy, uno de mis planes a futuro es ir a Kenia, verme con mis amigas y encontrar nuevos propósitos de manera colectiva, viviendo un intercambio nuevamente, porque no miento cuando digo que nunca me imaginé encontrar en el otro lado del mundo a personas que se iban a volver tan importantes, por las cuales vale la pena volver a casa sin estar en casa.


Esta historia de intercambio fue narrada por Nicol Mariel Borda de Mendoza, Argentina.

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