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Impactar, y ser impactadas

El 11 de Enero de 2019 me subí a un avión con mi mejor amiga Desiree y viajamos hasta Cartagena, Colombia sin saber que a partir de ese día nuestras vidas iban a cambiar. Cada una partió a su hogar cartagenero, plagado de olor a comida casera y música costeña. Al día siguiente partimos a nuestra ONG para trabajar por el ODS 13, que elegí para aportar mi granito de arena a la lucha contra el cambio climático, sin importar donde me iba a llevar esta elección, caímos en la hermosa Comunidad de Marlinda, ubicada en la periferia de Cartagena llena de familias y niños que nos recibieron con los brazos abiertos.



Trabajamos temprano en una huerta ubicada en la comunidad, teníamos actividades diferentes que nos desafiaban como voluntarias y personas, entre ellas plantar árboles, planificar jornadas de limpieza y gestionar donaciones.

Junto con Desiree, nos despertamos cada mañana pensando en que íbamos hacer ese día en la huerta y también en los niños, que nos esperaban en la puerta de la ONG para ayudarnos y jugar con nosotras. Así surgió la idea de tener un escuadrón ambiental, donde ellos aprendieron y enseñaron en sus hogares sobre cuidados al medio ambiente.

Cada día que pasaba era un desafío diferente, superarnos a nosotras mismas, aprender cosas nuevas, adaptarnos a la nueva rutina, creciendo junto con los niños de la comunidad, también estaban esos momentos donde teníamos que volver a casa, despedirnos de las personas que vivían en Marlinda y volver sabiendo todas las necesidades que ellos tenían, pensando como volvíamos al día siguiente para poder ayudar. Horas charlando, pensando, viviendo un día a día diferente que nos hacía replantearnos nuestros valores personales, nuestras metas a futuro y todo lo que queríamos hacer cuando volviéramos a Argentina.



Finalizar, fue difícil. El último día el sol estaba alto, fuerte y nos daba en las caritas, y ahí con nosotras estaban nuestros niños recolectando residuos y separándolos de acuerdo a su reutilización, ellos habían aprendido tanto que sentíamos mucho orgullo. Al terminar, nos esperaban con patacones (nuestra comida favorita en Colombia), fuimos todos y nos reímos un montón, risas que luego fueron lágrimas de despedidas, abrazos apretados y muchos “vuelvan pronto”. No sabíamos que al caminar por el mismo sendero que todos los días caminábamos le estábamos diciendo Adiós y Gracias a la experiencia que cambió cada parte de nosotras.

Volvimos diferentes, felices, en paz con nosotras mismas. Entendimos cada parte de esa experiencia, lo lindo y lo difícil, cómo llegamos a conocernos como amigas y a nosotras mismas. Nuestras familias aún hablan de eso, de cómo nos subimos al avión y como volvimos, radiantes, contentas.

Eso fue lo que causó en nosotras, impactamos y fuimos impactadas. Gracias a esa experiencia, hoy el mundo me ofrece múltiples oportunidades que estoy dispuesta a tomar. Y vos, podes hacerlo tambien.


Fernanda Cardozo, San Juan-Argentina

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