• Karen Andrea Taborda Benavides

Mi intercambio en Perú, una experiencia que me enseñó la belleza de los simples detalles.

Actualizado: oct 14

Mi experiencia de intercambio la viví en Cajamarca, una ciudad pequeña y poco habitada al norte de Perú, siendo un lugar lleno de montañas y mucha naturaleza. Estuve allá trabajando como voluntario por el objetivo de desarrollo sostenible número 4: educación de calidad.


Por 7 semanas viví experiencias inolvidables y cargadas de buenos recuerdos, que al principio, cuando decidí irme de intercambio porque quería ayudar, siendo esta la más importante razón para viajar, no me dio tantos líos.



Sin embargo, Si me preguntas que fue lo más difícil, fácilmente puedo decirte que devolverme a mí país y dejar a toda la gente que conocí, llegando al punto en dónde lloré por las conexiones hermosas que había logrado en la fundación y con las demás personas; por lo que no es de extrañar que eche de menos a los chicos de la fundación, perder el sentido de las horas en la ONG, la comida y el lugar, además de reír con todas las personas de la ONG!



El ir y vivir allá me fue muy adaptable, pero esto mismo me hizo tomarle cariño a la gente y que me doliera irme de ahí. Todos los días por ejemplo caminaba hacia la fundación y volvía a mi casa, donde vivía con dos universitarios (Albert y su hermana)



Uno de los mayores aprendizajes que esto me deja y que se queda muy grabado en mi vida, la puedo resumir en el aprender a valorar las simples cosas, poder brindarle contenido a mi vida porque lo mejor viene en los detalles.



Al final de todo, Enzo Elizondo, actual Director Nacional de Marketing de AIESEC en Argentina y quién nos contó está historia resume su intercambio de la siguiente forma:


"Si podes darle un pequeño sentido y una pequeña orientación a la vida en cuanto ayudar, hacelo y simplifica la ayuda".

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