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Mil Sonrisas en Santa Marta

Mi viaje para las tierras colombianas arranco mucho antes de subirme al avión el 5 de diciembre, todo arranco el 15 de noviembre del 2018 cuando mi hermana Guadalupe, quien ya había hecho su voluntariado ese mismo año, me llamo diciéndome que había cupos para realizar un intercambio con AIESEC. Yo sabía que quería viajar a Colombia, había algo que me llamaba mucho la atención de ese país, entre las distintas ciudades y proyectos que se me presentaban Santa Marta apareció e inmediatamente el lugar me impacto, con sus hermosas playas, las propuestas de los proyectos, fue ahí cuando supe que tenía que aplicar para ir a realizar mi voluntariado. Elegí el proyecto MIL SONRISAS, que trabaja el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 “Educación de Calidad”, una ODS que en verdad amo y profeso todo el año.

Luego de más de un año y ahorro y mucho esfuerzo de mi familia para que yo pueda viajar, haciendo 4 escalas y un viaje de más de 20hs llegué a la ciudad de Santa Marta, donde la primera sensación que sentí fue su agobiante calor y pesada humedad, una combinación que no estoy para nada acostumbrado.

Allí en el aeropuerto se encontraban David miembro de AIESEC y Lauren mi host esperándome para recibirme; quien iba a pensar que estas dos personas se convertirían en personajes tan importantes en mi viaje.


Acá en Colombia el mes de diciembre es muy importante para ellos, las fiestas representan momento para compartir en familia, con amigos y para celebrar. Yo pude vivir la fiesta de velitas, la cual se trata de poner velas afuera de la casa y cada vela representa un deseo que uno debe pedir al momento de prenderla y luego la Virgen de Concepción en la noche ella baja a tomar esos deseos.

A los siguientes días arranco mi proyecto en el barrio La Paz, donde trabajábamos en una iglesia que estaba dentro del barrio, donde ahí se encontraban fácil 50 niños esperándonos ese día, cuando llegamos todos gritaban de emoción, eran chicos entre 6 años hasta los 13 que viven en el barrio.

A cada uno de los 11 voluntarios nos preguntaban de donde éramos, nos abrazaban, se nos querían colgar de los cuellos, se peleaban por agarrarnos las manos. En ese lugar ya habían dos fundaciones “Regalando Sonrisas” y “Fundación Social Voces”, ambas conformadas por personas maravillosas, que viven por los niños y facilitaron el trabajo de nosotros los voluntarios, ya sea dándonos soporte emocional, enseñándonos como tratar a los chicos, con materiales, enseñándonos cosas de su cultura; la verdad que personas maravillosas que espero nunca olvidarme de ellos y poder realizar lo mismo en mi ciudad como ellos hacen en Santa Marta.


Personalmente cada día en el proyecto lo disfrute, me desarrolle, trabaje mucho mi paciencia con los niños y con otros voluntarios, me llevo a varios veces a innovar actividades o pensar cosas para que los chicos aprendieran cosas y se llevaran algo a sus casas, pero la verdad que al final de cada mañana los roles cambiaban, yo salía aprendiendo mas de ellos que ellos de mí.


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